El Tiempo de Pascua es el período litúrgico que celebra la Resurrección de Jesucristo, comenzando el Domingo de Pascua y extendiéndose hasta el Domingo de Pentecostés. Este Tiempo Litúrgico es el corazón del Año Litúrgico y dura 50 días, es el Tiempo más importante y al que se llega porque pasamos por el Tiempo de Navidad, que es el otro tiempo fuerte, la otra temporada de mayor importancia. La palabra "Pascua" proviene del hebreo "Pesah", que significa "paso". Así como el pueblo de Israel celebra su paso de la esclavitud en Egipto a la libertad, los cristianos celebran el paso de Jesús de la muerte a la vida gloriosa. Para conocer más sobre el significado de esta palabra está abierta la invitación a visitar el siguiente enlace: Pascua
Durante el Tiempo de Pascua, los cristianos celebran la victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado, meditando sobre el significado de la Resurrección y su implicación para la vida de los creyentes. Es un tiempo de renovación espiritual, donde los creyentes son llamados a vivir como resucitados, proclamando y compartiendo la buena noticia de la salvación.
Si Cristo resucitó, nosotros también resucitaremos.
Primera Carta a los Corintios 15:19-23
19 Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima.
20 Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.
21 Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.
22 En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo,
23 cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida.
En los versículos anteriores cuando se habla de que por medio de un hombre vino al resurrección es bueno tener presente el dogma de la Unión Hipostática, que nos revela las dos naturalezas de Jesucristo, la naturaleza divina y la naturaleza humana, unidas en una misma persona, y que al mismo tiempo es plenamente Dios y plenamente hombre (CIC 480-481).
La celebración de la Resurrección de Cristo es tan importante dura mucho más que un solo día, es un período de 50 días, Tiempo de Pascua, que empieza con el Domingo de Resurrección en donde también inicia la Octava de Pascua, y dura 8 días hasta al domingo siguiente que se conoce como Domingo de Misericordia, se celebra como si fuera todo un gran día de fiesta. A los 40 días de la gloriosa Resurrección de Jesucristo se celebra la Ascensión del Señor que se traslada para el séptimo domingo de Pascua, para así al domingo siguiente al cumplirse los 50 días del Tiempo de Pascua culminar con este tiempo de gloria el Domingo de Pentecostés, con la alegría desbordante donde se recuerda la llegada del Espíritu Santo y el nacimiento de la Iglesia. El número 50 en el cristianismo es un simbolismo de plenitud.
En el Tiempo de Cuaresma junto con la Semana Santa, Tiempo que precede al Tiempo de Pascua se había dejado de cantar en las liturgias el Aleluya, pero desde la vigilia del Domingo Pascual, con ese aliento guardado vuelve al resonar el grito de la Resurrección haciendo vibrar el Sepulcro vacío "¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? ".
Evangelio según San Lucas 24:5-7
5 Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?
6 No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea:
7 «Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día».
El Color Litúrgico que caracteriza el Tiempo de Pascua es el color blanco, que simboliza la luz, la pureza, la alegría y la vida nueva, todo lo que nos representa la Gloriosa Resurrección de Cristo y su eterna vida. Este mismo color blanco también se usa en el otro tiempo fuerte, el Tiempo de Navidad, que mantienen varias similitudes con el Tiempo de Pascua porque con la llegada de la Navidad también se acaba el silencio litúrgico que en este caso en vez de ser el canto del Aleluya, con el Adviento se había dejado de cantar el Gloria que resuena de nuevo con la llegada el Niño Jesús, la encarnación del Hijo de Dios. Fueron silencios no de ausencia, sino una espera llena de esperanza.
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