El Pesebre de Belén es la verdadera "Casa del Pan", y es que el nombre de la ciudad donde nació el Niño Jesús, el Hijo de Dios encarnado, se llama Belén, nombre que proviene del hebreo "בֵּית לֶחֶם" que se translitera "Bēṯ Leḥem" y que literalmente significa "La Casa del Pan" (Bēṯ = Casa, Leḥem = Pan). Vemos como el Plan de la Salvación está diseñado con una precisión divina, y los nombres de los lugares más importante no son una casualidad. Belén, la ciudad que vio nacer al Niño Jesús, la Casa del Pan, ya nos mostraba que Jesús es el verdadero Pan de Vida.
35 Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.
48 Yo soy el pan de Vida.
51 Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».
"En la humildad de Belén, la Casa del Pan, Dios nos entregó a su único Hijo, el Niño Jesús, envuelto en pañales como promesa de vida, y años más tarde, en la solemnidad del Cenáculo, el Pan de Vida se nos entrega partido y compartido como presencia real."
¡Qué paradoja tan hermosa! Aquel que sostendría espiritualmente al mundo entero, la Palabra hecha carne, el sustento real, elige nacer en el lugar cuyo nombre ya profetizaba su misión. Desde su primer aliento, Jesús estaba en la "Casa del Pan". Es el primer eco: el pesebre es el primer altar donde el Pan se nos ofrece.
14 Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Mientras avanzaba la vida pública de Jesús, cada vez era más claro su identidad como el verdadero Hijo de Dios, Dios encarnado, y en lo que se conoce como "La Última Cena", que revivimos cada Jueves Santo, vemos como el recorrido que inició en la humilde Casa del Pan, Belén, donde el verdadero Pan estaba envuelto en pañales, nos muestra su plenitud en la intimidad del Cenáculo. Allí, Jesús no solo dice ser el Pan de Vida; allí nos entrega ese Pan de Vida para siempre con la institución de la Eucaristía, el eco de Navidad se transforma en una presencia real y permanente. Jesús siempre ha sido el Pan de Vida, desde antes de la creación. Pero es en esa noche santa donde nos entrega el "Hagan esto en memoria mía" para que ese Pan esté disponible para nosotros todos los días.
Evangelio según San Lucas 22:19
19 Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía».
"Si el nombre de Belén es la profecía que nos susurra que el Salvador, el Niño Jesús, ha nacido en la Casa del Pan, la Eucaristía es la victoria que nos grita que Jesús es, verdaderamente, el Pan de Vida. Mientras que el pesebre fue el cofre rústico que guardó al Trigo de Dios recién nacido, la Mesa del Señor es el altar donde ese Trigo se ofrece para que nadie que coma de Él vuelva a tener hambre jamás."
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