Dios es el origen de todo, el Creador de todas las cosas y les da vida. En Navidad con la encarnación del Hijo de Dios, el nacimiento del Niño Jesús, vemos el fruto, el retoño de Dios, el mismo Dios, que nos muestra su cara y el cumplimiento de su promesa con su inmenso amor por la humanidad.
Mientras recorremos el Camino Pascual que está conectado con el Camino a la Navidad, vemos como en Navidad se hizo presente la Sagrada Familia, conformada por Jesús (Niño Jesús), la Virgen María y San José. Para la época cuando nació el Niño Jesús era usual escuchar la relación entre la vida con la vid (planta Vitis vinifera), la que produce el fruto de la Uva, y en el mundo semítico antiguo a esta planta se le consideraba un árbol de vida, no solo porque su fruto es comestible y de ese fruto sale la bebida del vino, y es que a diferencia de otros árboles como por ejemplo el manzano, que sus ramas son independientes del tronco, en la vid, las ramas, conocidas como sarmientos, están entrelazadas al tronco, así que si se corta mal una de estas ramas de la vid (los sarmientos), la planta se seca y muere. En la última cena, cuando Jesús instituyó la Eucaristía, y en donde nos unimos a Cristo de manera íntima, sigue ocurriendo en cada consagración la Transubstanciación, y vemos como el vino se convierte la verdadera sangre de Cristo. Con el Misterio de la Santísima Trinidad presente se entienden mejor las palabras de San Juan en su evangelio cuando narra como el propio Jesús en la última cena usa la imagen de la vid.
En la última cena Jesús nos habla de su conexión con Dios (Padre) y Él (Hijo, mismo Dios) y con nosotros al recibir la Eucaristía.
Evangelio según San Juan 15:1-2
1 «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador.
2 El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía.
Evangelio según San Juan 14:6-7
6 Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.
7 Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».
Todo comienza en Dios. Dios Padre es el Viñador, que con infinito amor plantó entre nosotros a la Vid Verdadera. En Navidad recibimos a su único Hijo, el Niño Jesús, quien años más tarde derramaría su sangre para nuestra salvación. Jesús es ese tronco sólido de donde todos podemos beber vida. Nada existe sin el Padre, quien con amor cuida de los sarmientos que puedan dar fruto.
La Virgen María y San José fueron las primeras personas en experimentar esa unión con Jesús, no solo lo cuidaron como Niño Jesús, "siguen injertados" en Él.
🟢 La Virgen María desde ese "Sí" en La Anunciación, permitió que la "savia" de la Vid fluyera en dentro de ella.
🟢 San José con su silencio obediente protegió el crecimiento de la Vid.
La Virgen María y San José nos enseñan que los verdaderos frutos de una familia, amor, paz y santidad, son posibles cuando se permanece unido al tronco que es Jesucristo.
En la Sagrada Familia vemos la unidad de un hogar humano y santo, unión similar que observamos en la vid, y que ahora se expande por toda la iglesia. Ya no somos simples observadores del Pesebre en Belén, ahora formamos parte de esa planta de vid, la Verdadera Vid, Jesucristo. Si permanecemos aferrados a Él podremos dar frutos y alcanzar la vida eterna. Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn. 14:6).
5 Yo soy la vid, ustedes los sarmientos El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer.
"En la Gruta de la Natividad en Belén contemplamos la Vid Verdadera (el Niño Jesús) brotar en el seno de la Sagrada Familia. La Virgen María y San José son los principales sarmientos que permanecen unidos al Amor de Dios para darnos el Fruto de la Salvación. Hoy somos sarmientos del mismo tronco de la Vid y formamos parte de lo que comenzó en un humilde pesebre que ahora se extiende como una vid que abraza al mundo entero."
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