"Oh San José, cuya protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos. Ayúdame San José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales por intercesión de tu Hijo adoptivo Jesucristo, nuestro Señor, de modo que, al confiarme, aquí en la tierra, a tu poder celestial, pueda ofrecerte mi agradecimiento y homenaje.
Oh San José, yo nunca me canso de contemplarte con Jesús adormecido en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa junto a tu corazón. Abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro.
¡San José, patrono de las almas que parten, ruega por mí!" - Amén.
San José es conocido como un buen hombre con una fe inquebrantable en Dios, obediente, justo, formal, trabajador y fue escogido por Dios para que fuese el Padre terrenal del Niño Jesús, el Hijo de Dios, Dios y a San José además de ser reconocido como el Patrono Universal de la Iglesia Católica, también tiene la distinción de ser el patrón de los padres de familia, de los bebés no nacidos, de los carpinteros, inmigrantes, de aquellos que buscan empleos y de la buena muerte por mencionar algunos. En la Biblia no se menciona ningún diálogo pronunciado por San José, aunque indirectamente si se menciona que dijo con seguridad la palabra Jesús cuando al octavo día de haber nacido el Niño Jesús y lo llevaron a circuncidar y le puso al Niño el nombre Jesús.
Evangelio Según San Mateo 1:25
25 y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús.
San José es un hombre silencioso, sin embargo, sí le reconoce la obediencia a Dios y de ser un hombre que sabe actuar. El Papa Francisco ha hablado sobre el silencio de José como escuela de escucha del Espíritu y de acción. Otra cosa que ocurre en cada uno de los cuatro evangelios de la Biblia es el reconocimiento que se le da a San José como el padre de Jesús, del Niño Jesús.
Existen varias oraciones dedicadas a San José y la más antigua encontrada data del año 50 d.C. Se dice que cuando esta oración se reza con devoción durante nueve mañanas, hasta la fecha, no se conoce que haya fallado jamás, siempre que la solicitud sea para el beneficio espiritual o para otra persona por la que se está orando. Al ser esta oración tan antigua, milenaria, también se ha creado una versión moderna de la antigua.
Versión Moderna:
"Oh, San José, cuya protección es tan grande, tan fuerte, tan pronta ante el trono de Dios. Pongo en ti todas mis intenciones y deseos. Oh, San José, ayúdame con tu poderosa intercesión, y obtén para mí de tu divino Hijo todas las bendiciones espirituales, por Jesucristo, nuestro Señor. Para que, habiendo comprometido aquí abajo tu poder celestial, pueda ofrecer mi acción de gracias y homenaje al más amoroso de los Padres.
Oh, San José, no me canso nunca de contemplarte con Jesús ya dormido en tus brazos. No me atrevo a acercarme mientras Él reposa cerca de tu corazón. Abrázalo en mi nombre y besa su hermosa cabeza por mí y pídele que me devuelva el beso cuando exhale mi último aliento.
¡San José, Patrón de las almas que parten! - Ruega por mí."
Amén.
Se piensa que San José murió en Nazaret al lado de Jesús y de la Virgen María. La Iglesia invita tanto a confiarnos en San José y lo reconoce como patrono de la buena muerte que esto se menciona en uno de los artículos del Catecismo de la Iglesia Católica (CIC)
CIC - PRIMERA PARTE - LA PROFESIÓN DE LA FE
SEGUNDA SECCIÓN: LA PROFESIÓN DE LA FE CRISTIANA
CAPÍTULO TERCERO - CREO EN EL ESPÍRITU SANTO
ARTÍCULO 11 - "CREO EN LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE"
El sentido de la muerte cristiana
1014 La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte ("De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor": Letanías de los santos), a pedir a la Madre de Dios que interceda por nosotros "en la hora de nuestra muerte" (Avemaría), y a confiarnos a san José, patrono de la buena muerte:
«Habrías de ordenarte en toda cosa como si luego hubieses de morir. Si tuvieses buena conciencia no temerías mucho la muerte. Mejor sería huir de los pecados que de la muerte. Si hoy no estás aparejado, ¿cómo lo estarás mañana?» (De imitatione Christi 1, 23, 1).
«Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!»
(San Francisco de Asís, Canticum Fratris Solis)
En el año 1505 esta antigua oración fue enviada por el Papa Julio II al emperador Carlos I cuando se dirigía a una batalla y aún se dice que quien lea esta oración, la escuche o la guarde consigo, no sufrirá de una muerte súbita, ni se ahogará, ni el veneno hará efecto, ni caerá en manos del enemigo, ni será quemado en ningún fuego, y tampoco será derrotado en la batalla.
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