En esta presentación meditamos la comparación de la llegada del Niño Jesús que no le ofrecieron un lugar digno para nacer y antes de partir de nuevo al cielo nos prepara un lugar para vivir junto a Él en su eternidad.
Cuando San José, acompañado de su esposa la Virgen María, ya a punto de dar a luz, entraron a Belén no consiguieron un lugar digno para pasar la noche allí. Había llegado el momento para que María tuviera al Niño y entonces lo que lograron conseguir fue colocar al Niño Jesús recién nacido en un pesebre, lugar donde comen los animales.
7 y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.
Se podría decir que en Navidad, el Creador del Universo llegó a la Tierra "sin techo", y es que la palabra griega usada en el evangelio para "lugar" fue "τόπος", "tópos", que literalmente se refiere a "lugar" "sitio" "espacio", desde el punto de vista físico, y todavía hoy vemos como muchas personas no le dan cabida, alojamiento, a Jesús en su corazón. Jesús llegó a lo suyo, a Salvarnos, y los suyos, la humanidad, muchos no lo recibieron y otros lo traicionaron.
La primera "posada" de Jesús en la Tierra fue un humilde pesebre y prestado, allí fue donde nació el Niño Jesús, la noche de Navidad.
"Jesús nació en una gruta de Belén, dice la Escritura, "porque no hubo lugar para ellos en el mesón".
No me aparto de la verdad teológica, si te digo que Jesús está buscando todavía posada en tu corazón."
San Josemaría Escrivá de Balaguer (Forja 274)
Años más tarde, la noche antes de la Pasión de Cristo, en la Última Cena, Jesús que no guarda rencor, transforma ese recuerdo del rechazo en una promesa de esperanza, cuando vemos el gran amor del Redentor que a pesar de que muchos le cerraron las puertas el día de Navidad, y que aún se la siguen cerrando en sus corazones, Él nos abre las puertas de Reino de Dios, nos prepara un lugar allí para vivir con junto a Jesús.
Evangelio según San Juan 14:1-4
1 «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.
2 En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar.
3 Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes.
4 Ya conocen el camino del lugar adonde voy».
"A pesar de que al Niño Jesús muchos le cerraron las puertas para nacer, Jesús no abre las puertas del Reino de Dios, no guarda rencor por la falta de posada en Belén, al contrario, se convierte en nuestro anfitrión eterno."
La palabra usada inicialmente en el evangelio de San Juan para "habitación" o "morada" proviene del griego "μονή" "monē" que proviene del verbo "μένω" "meno" que significa, quedarse, residir o permanecer, así que Jesús no está haciendo referencia a una morada transitoria es una residencia permanente la que nos está ofreciendo. Aquí vemos la diferencia de las posadas o lugares que les negaron al Niño Jesús al nacer, eran lugares de paso pero ahora Él nos ofrece un lugar permanente, un lugar de descanso definitivo donde el alma echa raíces. Jesús no nos está preparando un refugio de emergencia; nos está preparando un hogar donde viviremos para siempre con Él.
"En Belén muchos le cerraron las puertas al Niño Jesús, le dijeron a Jesús 'aquí no hay sitio para ti', y luego vemos como Jesús ya en cielo junto a su Padre nos dice 'aquí tengo todo preparado para ti'.
Al pasar de la Posada prestada a la Morada permanente (monē), descubrimos que nuestro verdadero hogar no está donde nacemos, sino donde Cristo nos espera.
Lo que empezó como una búsqueda de refugio en la noche de Navidad, termina como una invitación a la mesa eterna del Padre."
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