En las narraciones bíblicas sobre el nacimiento del Niño Jesús en Belén, la encarnación del Hijo de Dios, nos cuenta como la luz de la gloria del Señor envuelve a unos Pastores mientras un ángel junto a un coro celestial les informaban sobre el nacimiento de El Salvador (Lc. 2:8-11), luego también vemos como los Reyes Magos al ver la Estrella de Belén o Estrella de Navidad, la siguieron hasta encontrar al Niño Jesús (Mt. 2:1-2). Jesús desde pequeño, aun siendo el Niño Jesús ya se le reconocía como la luz del mundo como se puede leer en el evangelio de San Lucas cuando narra 40 días después de nacido el Niño Jesús fue presentado en el Templo del Señor y un anciano llamado Simeón le dijo a la Virgen María y San José que ese niño, el Niño Jesús es "Luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel" (Lc. 2:32). El propio Jesús dijo que Él es la "Luz del mundo"
12 Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida».
En la Biblia con las narraciones sobre el nacimiento del Niño Jesús en Belén, la encarnación del Hijo de Dios, nos cuenta como la luz de la gloria del Señor envuelve a unos Pastores mientras un ángel junto a un coro celestial les anunciaban sobre el nacimiento de El Salvador (Lc. 2:8-11), luego también vemos como los Reyes Magos al ver la Estrella de Belén o Estrella de Navidad, la siguieron sabiendo que los guiaría hasta donde se encontraba el Niño Jesús (Mt. 2:1-2).
A Jesús desde pequeño, aún siendo el Niño Jesús, ya se le reconocía como la luz del mundo como se puede leer en el evangelio de San Lucas cuando narra 40 días después de nacido el Niño Jesús fue presentado en el Templo del Señor y un anciano llamado Simeón le dijo a la Virgen María y San José que ese niño, el Niño Jesús es "Luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel" (Lc. 2:32). El propio Jesús dijo que Él es la "Luz del mundo"
12 Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida».
Según la tradición cristiana 40 días antes de la Pasión de Cristo ocurre un evento que se conoce como La Transfiguración y que ocurre en el monte Tabor.
Evangelio según San Mateo 17:1-9
1 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.
2 Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
3 De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
4 Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantará aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
5 Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo».
6 Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.
7 Jesús se acercó a ellos, y tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo».
8 Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.
9 Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
La Transfiguración es la revelación de la Gloria de Cristo, Jesús revela su identidad divina a los apóstoles, también vemos tal como ocurrió en el Bautismo del Señor, aquí también Dios, se refiere a Jesús como "Hijo muy querido". Este evento les fortaleció la fe a los apóstoles y los ayudó a afrontar la pasión y muerte de Jesús que estaba pronto a suceder y que resucitaría, Jesús siempre cumple su palabra. La Transfiguración nos invita a profundizar la relación con Dios, la aparición de Moisés y Elías también simboliza la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, reafirmando la misión de Jesús en la historia de la salvación.
"El camino que comenzó bajo el resplandor de una estrella en la noche de Navidad, hoy nos lleva a la cima del monte para recordarnos que nuestra meta es estar unidos, en humildad y amor, en la presencia Gloriosa del Señor"
La Iglesia celebra la Fiesta Litúrgica de "La Transfiguración del Señor" cada 6 de agosto, 40 días antes de la "Exaltación de la Santa Cruz" cada 14 de septiembre. Según la tradición y la cronología de los hechos que se narran en la Biblia, se calcula que Jesús se transfiguró para fortalecer a los apóstoles antes de su Pasión. Por eso, en Cuaresma, la Iglesia coloca un Evangelio para recordarnos que el camino de los 40 días de desierto tiene como meta la luz, no la muerte. Esos días después con los que empiezan los evangelios que narran La Transfiguración se refieren a lo que se conoce como la "Confesión de Pedro", cuando ese apóstol, inspirado por el Espíritu Santo, reconoce a Jesús diciendo "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo", también allí se marca un punto decisivo en la misión de la Iglesia porque lo de Pedro no solo es un acto de fe, sino el fundamento sobre el cual Jesús construyó su Iglesia, asegurando su presencia en la historia a través de sus sucesores porque Jesús le responde a Pedro declarando que sobre él "Pedro" de la palabra "Piedra" edificaría su Iglesia, y ese "rol" como piedra fundamental lo convierte en el primer Papa, siendo así el líder de la comunidad cristiana. Los primeros días de la Iglesia, después de la Resurrección y Ascensión de Jesús, se caracterizaron por una fuerte unidad y la predicación del Evangelio. Los apóstoles, guiados por Pedro, comenzaron a formar comunidades donde se vivía la fe. Se estableció la sucesión apostólica, cuando los apóstoles, como Pedro, transmiten su autoridad y enseñanzas a sus sucesores; esto ha garantizado la continuidad en la doctrina y el liderazgo de la Iglesia a lo largo de los siglos, manteniéndose el Papa como sucesor de Pedro, se conserva esa línea de conexión con Cristo. Esto asegura que la Iglesia permanezca fiel a la fe original y a la misión que Jesús confió a sus apóstoles.
Evangelio según San Mateo 16:16-19
16 Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
17 Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
18 Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
19 Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».
La Estrella de Belén nos guía hasta el Niño Jesús y una vez que dejamos entrar a Jesús en nuestro corazón ya no necesitamos de una luz externa para que nos lleve a la Gloriosa presencia de Dios, Jesucristo es la "Luz del Mundo"; en el Tabor, el "Niño del Pesebre" nos muestra quién es realmente: el Hijo Amado del Padre.
"La estrella en Belén nos puso en marcha, mientras que la luz del Tabor nos da la fuerza para llegar a la meta. No tengamos miedo del desierto, porque el final del camino no es la arena, es la Luz eterna."
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